No me digáis que no lo sabíais. El Día del Libro, que parece que nadie se acuerda. ¡Pero allí estaba yo para recordarlo!
Que sí, que no somos catalanes, con su San Jordi, rosa y libro (tradición que me parece tremendamente bonita), pero me encanta este día.
Y es que desde un tiempo a esta parte, sigo la religiosa tradición de ir a comprar en cada aniversario de Shakespeare y Cervantes algún librejo, con la excusa de que están más baratos.
Este año me hice con Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, que leeré para clase pero que escogí por parecer entretenido, y La sombra del viento, la ya casi mítica novela de Carlos Ruiz Zafón.
Aproveché también para coger algún que otro marcapáginas para mi colección, e incluso me dieron ¡una flor! Me dio un poco de palo ir por la calle con ella, pero ¡ja! ¡que me miren! Que mi madre se va a llevar una pequeña alegría cuando se la dé.
Pero no voy a ser malo, le diré que no se la compré expresamente.









¡Últimos comentarios!